Expresso

El blog de Rafa Moya

Expresso header image 2

El libro mas hermoso de Kafka

abril 19th, 2006 · 1 Comentario

Recientemente he leído el último libro de Paul Auster. Un libro extraordinario sobre las relaciones humanas, el destino, la suerte? temas recurrentes de Paul Auster en obras anteriores y que en ésta surgen como cuestiones que se convierten en propias. El libro habla del extraordinario destino de nuestras vidas, insignificantes para muchos, pero muy importantes para los nuestros Os lo recomiendo. Es más, me permito extraer un pequeño relato que nos presenta una anécdota real -originalmente se relata en la biografía de Kafka de Ronald Hayman- de los último días de Kafka. Este texto muestra la generosidad del escritor y el poder de la literatura para hacer feliz a las personas.

Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. ?Tu muñeca ha salido de viaje, le dice. ?¿Y tú cómo lo sabes??, le pregunta la niña. ?Porque me ha escrito una carta?, responde Kafka. La niña parece recelosa. ?¿Tienes ahí la carta??, pregunta ella. ?No, lo siento?, dice él, ?me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.? Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?
Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.
Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.
Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. ¡Tres semanas! Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la mueca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, sin no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.
Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.

Brooklyn Follies, de Paul Auster.
* La foto muestra el parque que aún existe en Berlín

EasyFreeAds Blog News Facebook Twitter Myspace Friendfeed Technorati del.icio.us Digg Google Yahoo Buzz StumbleUpon

Etiquetas: General

1 respuesta hasta ahora ↓

  • 1 ¿ysiestaveztequedaras? // abr 19, 2006 a las 10:05

    ¡Qué bonita historia: Con una niña recibiendo cartas de su muñeca! Sniff

    Tomo nota del libro que ya me leí uno d Auster y me gustó bastante

Deja un Comentario