Te parecerás a tu padre o a tu madre. Lo has decidido (mal o bien) y has caído en el instinto conservador de la especie humana. Serás padre o madre y ha sido una decisión costosa pero firme. Tu vida no cambiará sino que quedará anulada, eclipsada y aplastada por ese diabólico animal llamado bebé, nene o hijo. La has cagado tio y no lo sabes, te crees feliz, temeroso, expectante e ilusionado pero te va a caer una encima que ni te lo imaginas y sin ánimo de ser exhaustivo (vaya mierda de frase) estas son las principales cambios que sufrirás en cuanto te conviertas en papá o mamá:
Responsabilidad: No, no puedes mandar a la mierda al jefe, tienes que currar tio, de lo que sea. Los niños, por si no lo sabes, comen, se visten, duermen, cagan, beben, juegan y tocan los cojones. Y esto vale pasta, mucha pasta. Si te queda algún gadget por comprar, hazlo ahora u olvídate para siempre. Si señor, tu hijo nacerá pronto y necesita un surtidor inacabable de riqueza que sacie sus necesidades y caprichos durante los próximos 35 años.
Nulidad: Sabes eso tan simpático que es NULL, si, la referencia NULL. Pues en eso te vas a convertir en un puntero a NULL. Cero patatero. El mundo se girará y pondrá los ojos en tu hijo, lo demás será NULL o la nulidad. Tus intereses y necesidades quedan anuladas hasta próximo aviso.
Sacrificio: Todas tus acciones (o casi todas) tendrán un fin: tu hijo. Los domingos de resaca pasarán a ser matinales ciclistas o peloteras en todos los sentidos. Las noches de vicio y corrupción pasarán a ser noches intermitentes de lloros, cacas y cólicos, la tele se llenará de dibujos animados y ya no existirá ni el fútbol ni las películas ni nada.
Miedo: Vivirás en un estado de terror dada la inicial y errónea sensación de debilidad de tu bebecito. Ay?., que se cae, Ayyy que parece que ha caído en un espiral de enfermedades inacabables, ay que tendrá cólicos, ayyyy que le está saliendo los dientes de esa boquita que te chupará hasta la última gota de sangre.
Muslo de Pollo: Y esto, si que es duro. Ese muslo de pollo ya no es para ti sino para tu hijo. Ahí es cuando me di cuenta de lo terrible de la paternidad (o maternidad). Ese muslito que tus papás reservaban para el nene (El muslo para el nene) ya no es para ti. Ya nunca será para ti.
Sin embargo, una mañana cuando llevaba a mi hija a la guardería tuve una sensación que jamás antes sentí, fue una sobredosis de felicidad, una explosión de orgullo, que repito, jamás antes sentí. Y solo por esto, vale la pena.
Para Ángel futuro padre y para Lolo padre nuevísimo












3 respuestas hasta ahora ↓
1 Lolo // mar 26, 2008 a las 11:19
Cuanta razón tienes Rafita, pero lo podrías haber dicho antes!!! Ahora ya es demasiado tarde y tengo al Manelet dando la lata, aunque cada día estoy deseando llegar a casa desde el curro para que me de la barrila a mí.
2 Angel // mar 26, 2008 a las 16:09
Gracias por los ánimos Rafa, sólo me queda el consuelo de que si tú todavía no te has suicidado después de tan terrible panorama es que en el fondo esa sensación que describes al final debe valer verdaderamente la pena…
Gracias por acordarte de nosotros en tu blog, y aprovecho para volver a fecilitarte, eres un artista (en este último post todo un artista de novela de terror!).
Un abrazo, Ángel.
3 Ignasi // abr 26, 2009 a las 16:34
Gracias por los consejos,… pero ha costado tanto que disfrutaremos de lo desconocido. La aventura de ser padres y no morir en el intento. Al menos dejas una nota final dulce a tanto sufrimirnto.
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